El tiempo tiene un paso torpe, desacompasado. Es un tiempo patizambo, cojo. Los nervios que a veces le atenazan, las prisas, o los momentos de tensión detenida, no ayudan en absoluto a tomarlo en serio a la hora de echar las cuentas. Porque además, de resultas de su andar malo, los golpes de cadera acaban largando a las personas en el camino. Dejándolos a un lado, en la cuneta. Y si ya es malo andando, ni que decir tiene lo poco útil que el tiempo resulta como autobús de línea. No vuelve a por los caídos.
Por todo esto, por su paso, nos alegramos, sonreímos, incluso desconfiamos de tamaña dicha, cuando aquellos que cayeron por un mal giro del camino, en un recodo, en una tarde de nubes, bracean contra corriente, contra vergüenza, contra resignación, para tendernos una mano que desea ser asida, como ancla de punto de vuelta. Como asiento de presencia.
Por eso, porque el tiempo al fin y al cabo tan sólo es culpable de su torpeza, debemos andar atentos por si las manos de los queridos estiran sus dedos deseosos de tocar lo que nunca debió ser desprendido.
Por eso somos, amigos. Por eso somos amigos. Bienvenida.
Por todo esto, por su paso, nos alegramos, sonreímos, incluso desconfiamos de tamaña dicha, cuando aquellos que cayeron por un mal giro del camino, en un recodo, en una tarde de nubes, bracean contra corriente, contra vergüenza, contra resignación, para tendernos una mano que desea ser asida, como ancla de punto de vuelta. Como asiento de presencia.
Por eso, porque el tiempo al fin y al cabo tan sólo es culpable de su torpeza, debemos andar atentos por si las manos de los queridos estiran sus dedos deseosos de tocar lo que nunca debió ser desprendido.
Por eso somos, amigos. Por eso somos amigos. Bienvenida.
1 comentarios:
Gracias por la llamada.
Gracias por estar.
The show must go on :)
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