viernes, enero 16, 2009

Fantasías zumígenas

Joder. Otra vez lo mismo. Vengo pensando en explicaros lo de las pegatinas de aquí a la izquierda (derecha del texto, visto por el propio texto) y me sucede en el metro algo que hacer que se me vaya, como en el caso de la niebla, la inspiración a tomar por culo.

Línea 5. Diecisiete millones de personas en mi vagón (nada mejor para sentirse querido, sobre todo si eres tía y llevas falda y/o tienes las tetas gordas: te van a proporcionar un cariño…). Y una mujer sostiene ante sí, con la pajita mirando al techo, uno de esos minibricks de zumo (don simón para más señas: qué vinazo). Y claro, me sonrío. Ayuda, desde luego, el estado medio cómico en el que me hallo en el metro desde que ando leyendo Un Trabajo Muy Sucio, pero vamos, que yo desde siempre he sido también bastante mamarracho.

Pues el caso es que veo a la mujer canija (eso no lo he dicho, era canija) sosteniendo el zumito delante de ella, y no puedo evitar desear con todas mis fuerzas que en la siguiente parada, con el arreón de gente que desconoce la rigurosidad de según qué leyes de la física, algún gordo misericordioso aplaste su espalda invidente contra el artefacto expulsor, y convierta todo en un jolgorio de piña y uva (que no sea de melocotón, por dios, que no sea de melocotón), un manar incesante de líquido pardo-claro, bajo cuyo chorro exultante comiencen a desnudarse y bailar los sudamericanos de metro treinta, los encorbatados sudorosos (hoy no, hoy me libro), las madres que amamparan (qué bonito, como amamantan, pero con abrigo y cara de mala hostia) a sus pequeños hijos, las estudiantes de biología que leen libros coñazo (menos mal), los que se empeñan en leer El Mundo a página abierta (coño, cómprate el ABC, que amén de ser más pequeño, viene con grapa) y todos los jodidos lectores de Crepúsculo, El Clan del Oso Cavernario, Ángel Ruiz Zafón, Catherine Neville (3 libros: uno muy bueno, uno muy malo, uno no sé: todal, un tercio de probabilidades), Un mundo sin fin (o como se llame la jodida segunda parte) y, desde luego, los escasos pero siempre queridos adoradores de Dan Brown (angelitos).
Todos piel, zumo, billetes de metro, periódicos de metro. La masa primigenia. Y yo, claro, con la ceja izquierda levantada.

No ha pasado, así que he seguido leyendo.



Pd.- Y para qué voy a explicar lo de las pegatinas de aquí a la izquierda (derecha del texto, visto por el propio texto), si con hacer click lo descubrís vosotros mismos. Ale

2 comentarios:

Anónimo dijo...

desde luego, christopher moore te esta enganchando...hoy he soñado con dos perros negros gigantesccos salidos del infierno, malditos bichos...vaya noche.

MacMuela dijo...

Si ,soy yo ,otra vez el pesado de los cambios.Aunque espero que éste sea el definitivo.Aquí te dejo mi nuevo nombre de blog www.mcmuela.blogspot.com
para que te sirvas de ello como te parezca y para que si aún no estás hasta los h...me pongas una vez más, como blog amiguete Por esas partidas de dardor y por los cierres de partida jejeje
saludos beto
pd Larosa de Escocia es un libro que te c...