lunes, febrero 16, 2009

Cipriano y las injusticias de la virtud

lo más adecuado para hablar con la seriedad que pretendo. Y sí, sé que es lunes y toca video. Pero desde aquí no puedo abrir youtube. Y además... quería contar esto.

Mis más habituales conocéis lo que he dado en llamar el Sólito Caso de Cipriano Toledano. Sea: dícese de aquél suceso por el cual, sujeto feo (viviendo con mamá a los 43 años, vistiendo como procede en esos casos, pensando de igual modo, y necesitando... lo que se supone) topa por razones más o menos azarosas con muchacha joven, de porte aceptable (según casos), que le prodiga una atención y cariños que asombra a los demás, y al propio. Salvo si tenemos en cuenta que claro, la moza en cuestión no es de nacionalidad española.
Hasta ahí no hay ningún problema, al menos por mi parte. Desde fuera, porque paracen contentos, él de la mano de carne prieta que jamás catara, paseando sábado tarde, carrito de niño por delante. Ella igual de digna, ofreciendo el culo para el pellizco, emopujando el carrito con garbo. Desde dentro... lo mismo. Porque a lo mejor él sabe que esto va de conseguir unos papeles, una estabilidad, a su costa. Y pongámonos en el lugar de ella: meterse (en la cama, entre las piernas) un sujeto que ya andaba, como poco, para el arrastre. Aunque claro, bajo el tamiz del saber popular, él deviene en imbécil, y ella en puta. Si es que, como somos.

Por lo que a mí respecta: maravilla. Cipriano Toledano contento, cachuda peruana contenta. Y aquí paz y después gloria. Y cada uno a su casa y Dios en la de todos. Y verdes las han segado.

Otra cosa, claro, es cuando una de las partes anda corto de satisfacción, y le entra el ansia de cambiar el contrato. A base de golpes, porque las minifaldas que te conquistaron a base de pajas ilustradas ya no molan si se las pone para ir al mercado. A base de crueldad, infidelidad, porque el gordo calvo está bien para que te saque de pobre, y de ilegal, pero lo de gordo y calvo, y asqueroso, y no suficiente para ti, sigue ahí cuando ya eres legal, y pudiente.

Y entonces viene el que la apuñala catorce veces (por lo que sea, no ha disculpa), y la que le saca al pobre hombre de Fresnedillas de la Oliva duros poco a poco de la cuenta, hasta que se ve con 70 años y los bolsillos vacíos (por resumir: vendes tu tienda de toda la vida, para vivir la poca que te queda a golpe sexo con la moza que la providencia ha puesto en tu camino con vello púbico asomando por debajo de la falda y por encima del escote. Y la vida corre aprisa, y el dinero. Y un día por la mañana, no está ni ella, ni el dinero. Ni la tienda, claro. Puta no, pobres mujeres que viven a mitad de camino entre el oprobio y la vergüenza. Criminal. Y sin Ginebra).

Aquí es cuando suelto la reflexión posterior, o, peor aún, me tiro por la ventana con una de esas salidas tipo cuento, vamos, que dejan a medias (Cariño, haber corrido más).

Pero no, porque vengo con ganas de largo... Pero, como decía Jack el Destripador (que cuando salió de la carcel se topó con una recién traída de la India, que lo convenció de que aún era atractivo, y se casó con él, y el día en que estaba resuelta a realizar su plan de abandonar al fulano con su dinero para partir en brazos de un moreno de Mumbai, se encontró mirandose el coño desde abajo porque la cabeza le rodaba por el suelo: cosas del tío Jack), vamos por partes.

Mañana sigo. Que sois más bien de leer poco. Y en pantalla es incómodo.

2 comentarios:

Sergi García dijo...

De lo mejorcito que he leído por aquí. Que coño. Lo mehón.

McMuela dijo...

Totalmente de acuerdo con el sergi y por cierto y por si no lo sabiais la vida es una p... mierda
(para algunos)