El capricho
Etiquetas: metro
Por eso brilla más que en cualquier otra hora la voz risueña del caballero mayor que entra pidiendo que lo dejen llegar a la puerta contraria, porque su viaje va para largo. Cuando llega, dos paradas después, tres reposicionamientos, y mil palabras alegres (esto es..., como suelo decir, nada como el metro para no estar solo...) se apoya, justo detrás de mí, y, sin perder una sonrisa que se le derrama con cada sílaba dice: vamos a ver el capricho.
Claro, porque a parte de un parque maravilloso, es una parada de la Línea 5.
Y yo, que soy así, vengo y os lo cuento. Tal vez debería habérmelo reservado para contar una de esas hsitorias mías, pero... jubilado que sube a vagón atestado, a las ocho y cuarenta de la mañana, con destino al parque del capricho... en mi mente llegaría al parque, pasearía, no compraría la prensa, hablaría con los paseantes, echaría de menos a su mujer, y a la una se volvería a casa, de nuevo alegre, pero solo.
Una vez le dije a alguien que no quería convertirlo en un personaje de mis cuentos (alta tasa de mortalidad). Este caballero... tampoco lo merece. Porque yo hago, principalmente, cuentos tristes. Y, este post, ha empezado hablando de una sonrisa.
Sed buenos. Buenos días.

jueves, febrero 26, 2009
4 Comments:
Curioso, que tú hables del Capricho. Curioso, que yo me pasara la mañana fotografiándolo ayer. Curioso, que hoy le regale un reportaje. Así, todo a la vez.
Curioso no sé, pero anónimo... Pistas.
¡Cómo te gusta el metro! Y a mí que me cuentes lo que pasa.
Besos
a mi me produce tristeza, por eso yo no quiero llegar a ser muy vieja y verme sola sin él, ir al capricho o a cualquier sitio siempre pensando en él.
si tus cuentos son tristes, pero así en algunos momentos es la realidad, y gracias a eso puedes sacar una sonrisa de vez en cuando con cosas que merecen la pena.
lo siento estoy cursi por la fiebre, entendedme
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