Corrobora uno sus ansias de expiación a vueltas con latir en la contemplación de los sucesos más obtusos. Accesos de intrusión en el haber ajeno, ropa vieja que se seca bajo el sol impenitente, y la muerte mascando una brizna de alma, tras segar los largos tallos dorados uno a uno, cantando por los huesos de la hosamenta, muy por lo bajo, el hard to handle. Y la costura de las patrañas comienza a relucir en un tono rosa pantone 211 (que es primo, como todo lo demás), reaccionando sus pávidos electrones de sutura a la mezcolanza de perfumes, a la aleación de azaleas y azahares. Pachuli que gritan las voces de las muertas. Y entonces, claro, se acaba todo. Se callan los coros, y los rosas palo de marca. La masa ingente sigue respirando, oscilando a la misma vez, el metrónomo cortando en lonchas, cada vez más finas, las barras de cariño adiposo. Alterno. Y cuando vuelves a abrir los ojos, porque el verdadero color, espectro, fantasma, se ve siempre a párpado candado, resulta que era todo mentira. Y era todo verdad. Que viene a ser lo mismo.
Y entonces te levantas, y caminas, e intentas volver al aire mientras te vistes de excusas, porque los naipes bailan el uka-shaka-uka en manos de unos jodidos primates, chimpancés, que no esconden la cara en las apuestas, porque se están jugando tu vida.
Y claro, la muerte, como buena hija de puta sureña, disfruta con la Credence y con los Comander Cody, pero, sobre todo, con los Black Crowes: tarararan, taaaaaan, tarararan, taaaaaaan,... Hey little thing let me light your candle 'Cause mama I'm sure hard to handle, now, Gets around.
Corolario: me jode acabarme un libro a la ida, porque no tendré nada que leer a la vuelta.
Ah, y es viernes, sed buenos.
Etiquetas: a pluma
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