lunes, marzo 02, 2009

DinoSonoro

Lleva años conmigo. Muchos.
Mi madre, cuando ya sólo éramos dos, se fue a Barcelona a visitar a la delegación de su empresa allí. Me dijo que si quería que me trajera algo. Le dije que sí.
Y ese algo, que le llevó un tarde entera encontrar, sigue aún hoy, sobre mi cama, quejándose cada vez que alguien decide incordiarle la tarde.
Con dieciséis años ya parecía que el bicho andaba fuera de lugar. Con 28 que tengo, pensando en cómo haré para irme de aquí cuando una quiera y pueda, y la otra lo asuma, el tío es el indiscutible amo del cotarro.

Ha visto caer compañeros de edredón a miles, se ha visto desplazado del centro de atención miles de veces, por otros más bonitos, o espectaculares (apología de Toy Story, aunque a él, si la viera, le parecería un auténtica gilipollez), pero siempre es a su tacto extraño al que recurro para hacer sonreir a las visitas, para las pantomimas y diálogos de almohada.

Es gruñón, morado y medio bizco.

Y la última vez que me puse a buscar a otros de su especie no los encontré. No se llamaba, en inglés, como en castellano.

Hoy sí.

Je. ¿Le traigo, casi 20 años después, un compañero? ¿o es mejor que su rugido siga gobernando en soledad?

Yo no tengo, aunque quiera, un monstruo del armario. Tengo un dinosaurio sobre la cama.

Y dice: GRGRNRGRRNNR!!


Sed buenos.



Pd.- Viendo a sus compañeros, he, por lo menos, de alabar el gusto de mi madre.