Mi madre busca el contacto, el intercambio, en el sofá. Yo se lo aplazo hasta la cena.
Y me resume la cosa, aunque sé que luego floreará la historia con sus pareceres. Con palabras cortas, eso sí. Mi madre siempre sabe lo que dice.
Resumo yo:
El médico de mi abuela dice a mi tía (su única hija, la que decide, la que manda) que no es partidario de la sonda nasogástrica. Que si no quiere comer, que no coma, que con 95 años no le va a mejorar la vida el tubito dichoso.
Mi tía respira aliviada, porque ya vio a su padre así, y no quiere repetir el cuadro con otro modelo. Y esto parece todo. Si no quiere comer que no coma.
Y entonces mi madre se convierte en lo que realmente es: un ser supremo, infinito en su pequeñez, que siempre está del lado de los que pierden. Por eso ella, que lleva un mes diciendo que si no quiere comer que no coma, que no la obliguen, que la dejen morir que es lo que la anciana quiere, que no pasa nada... ella, dice anoche que no entiende cómo un médico puede ser así, tan frío.
Según su mundo honesto, fiable, correcto, un médico le dice a una: si quiere le pongo la sonda para que coma; y una le dice al médico: no, porque mi marido lo que quiere es morirse. No al revés.
Así que una vez dicho, yo, con medio sandwich mixto en la boca, respondo: pues yo le daría un abrazo.
Claro. El niño listo seguro que no tiembla, ni llora por los muertos, ni sufre, ni se inmuta, saliendo de héroe de la muerte asistida. Todo brillante y altanero. Lo que pasa es que la razón la tiene ella.
Dígale ud. a mi tía que si quiere le pone la sonda de las pelotas para que coma, pero que no va mejorarle la calidad de vida. Y mi tía hará lo que le salga del nacho.
Lo importante que son los defectos de forma. Mi madre, en ese caso, hubiera venido diciéndome contenta que mi tía opinaba como ella. No horrorizada por la frialdad clínica.
Así va la cosa. Satur 95 - Comida 0.
Y me resume la cosa, aunque sé que luego floreará la historia con sus pareceres. Con palabras cortas, eso sí. Mi madre siempre sabe lo que dice.
Resumo yo:
El médico de mi abuela dice a mi tía (su única hija, la que decide, la que manda) que no es partidario de la sonda nasogástrica. Que si no quiere comer, que no coma, que con 95 años no le va a mejorar la vida el tubito dichoso.
Mi tía respira aliviada, porque ya vio a su padre así, y no quiere repetir el cuadro con otro modelo. Y esto parece todo. Si no quiere comer que no coma.
Y entonces mi madre se convierte en lo que realmente es: un ser supremo, infinito en su pequeñez, que siempre está del lado de los que pierden. Por eso ella, que lleva un mes diciendo que si no quiere comer que no coma, que no la obliguen, que la dejen morir que es lo que la anciana quiere, que no pasa nada... ella, dice anoche que no entiende cómo un médico puede ser así, tan frío.
Según su mundo honesto, fiable, correcto, un médico le dice a una: si quiere le pongo la sonda para que coma; y una le dice al médico: no, porque mi marido lo que quiere es morirse. No al revés.
Así que una vez dicho, yo, con medio sandwich mixto en la boca, respondo: pues yo le daría un abrazo.
Claro. El niño listo seguro que no tiembla, ni llora por los muertos, ni sufre, ni se inmuta, saliendo de héroe de la muerte asistida. Todo brillante y altanero. Lo que pasa es que la razón la tiene ella.
Dígale ud. a mi tía que si quiere le pone la sonda de las pelotas para que coma, pero que no va mejorarle la calidad de vida. Y mi tía hará lo que le salga del nacho.
Lo importante que son los defectos de forma. Mi madre, en ese caso, hubiera venido diciéndome contenta que mi tía opinaba como ella. No horrorizada por la frialdad clínica.
Así va la cosa. Satur 95 - Comida 0.
1 comentarios:
Me gustaría poder decir algo más pero no. Ánimo. Besos
Publicar un comentario en la entrada