jueves, julio 16, 2009

Las flores del tejado

¿Qué más da que Hethfield ría mientras enseña los dientes, o que Potter meta el cholón en el pensadero, si uno deja que el sol achicharre las flores del tejado?

Por eso, montado sobre la baqueta negra de Ullrich, o sobre la nimbus 2000, hay que subir a cubrirlas con toldo verde, regarlas cuando se oculte el sol para que no se cuezan, y hablarles. Hablarles sí. Porque a las flores de pétalos dorados les gusta que les abonen con palabras.

Sed buenos.

1 comentarios:

Unhell dijo...

Triste comentarme a mí mismo. Pero cierto que que cuando no hay quien lo entienda, no hay quien lo comente.
No tomo nota, porque voy a seguir a lo mío.