martes, julio 14, 2009

Salvadas

Como ya he dicho alguna vez, salvo contadas ocasiones, no suele ser motivo de alegría para nadie
servirme de inspiración para escribir. Las probabilidades de acabar muerto, o solo, o triste, o divorciado, son demasiado altas.
Ayer tarde una familia se libró porque no les hubiera hecho justicia. Así que en lugar de contar, narro.

La madre lleva el pelo recogido en un moño con dos horquillas. El pelo tiene ese rastro de brillo y agolpamiento que indica que no se ha lavado en varios días. Gorda, fea. Desaliñada.
La niña mayor, unos once años, lleva el pelo más limpio. La camiseta no. Muestra algunas manchas de esas que se ve que resisten los lavados. Es alta, delgada. Guapa.
La pequeña aún lo es más. Seis años. Limpia y sucia a la vez como sólo los niños pequeños consiguen estarlo.
En mitad de un corredor del carrefour express de cuatro caminos la madre anota con lápiz en un cuaderno pequeño antes de coger una lata de guisantes (carrefour, productos de gama 1) y dejarla en el carro junto con los demás elementos. Todos marca carrefour 1, todos esenciales, todos los más baratos de su especie: judías, no lentejas, guisantes no alubias.

Cuando el bote cae en la cesta, la mayor se atreve y dice: podíamos comprar algo rico. Bajito, lo dice, como disculpándose. Aún así la pequeña lo oye, y exclama, feliz: ¡eso, algo rico!

Cosas ricas.

Madre mía. Tengo el corazón blindado sólo por cinco de los seis lados del cubo. Por el sexto pasan mis cuentos, y ellas.

Así que, por esta vez, las he salvado a ellas,y a vosotros, de la tristeza de mi pluma.

Sed buenos.

Yo... Metallica.

2 comentarios:

Oxi dijo...

Pues tal vez deberias salvarlas para la memoria con un cuento.

Unhell dijo...

Visto así... a lo mejor. O no.