Vengo para que no os vayáis, porque si os cuento lo de la fiesta especial a la que me han invitado esta mañana los usuarios de la línea 5 del metro de madrid, igual os sentís celosos... Menos mal que iba yo sentado. Malo cuando cargue en callao... A ver cómo se dan las cosas.
Por lo demás, si me preguntan qué hago el finde... respondo... ¿ver el barça el sábado a las 20:00? Qué poca cosa... con lo que siempre he sido.
Pues semana mala ésta para dedicarme a la literatura. Diré, al menos, por si aún venís a verme, que las cosas parece que echan a andar.
La obra, el mismo día que el máster. Noviembre es el mes que desencadena. El libro... parece que tendré prueba de imprenta en breve... y entonces ya estará todo en movimiento.
Por lo demás... no me rasco (aunque me duelen las heridas que me hice, y esto lleva todo el doble sentido del mundo, por si alguien me lee a la ligera), y se me presenta una semana terrible en la que, pese a lo esperado, me divierto llamando por teléfono en el curro. Ayer: 73 llamadas realizadas (bruto), 27 entrevistas (neto). Y seguimos. Calling.
Qué bien. Tirando de pastillas para no destrozarme. Uno que me ate. Otro que me ponga guantes. Y mi madre poniéndose cada vez más blanca al ver el estado en el que salgo de casa, y el estado al que llego 10 minutos después de volver. Al menos, con verme moverme, hablar, coger las cosas, se ahorra lo de no te rasques. Ahora dice tómate el tranquilizante. Y me lo tomo. No sé si alguien puede comprenderme... Anoche, cuando cogí el coche para ir a ver el partido... Bastaba con verme mover las manos.
Lo siento, no está el blog para literatura. Han vuelto. O no se han ido. Y yo con heridas.
Seis centímetros en carne viva empeine izquierdo. Elevación empeine derecho. Horas dormidas: 2. Y para no desquiciarme, Lexie 1,5 para desayunar.
Buen martes.
Pd.- Como contrapartida, al llegar, los libros de Hipálague, porque otra vez, uno de los 304 ente los más de 900. ¿Cual? Hojas caídas versión reducida.
Me ha costado vencer la barrera de la obligación... porque me parece que ahora que soy un escritor famoso (en fin, lo que tiene uno que leer eh..) no procede venir y poner aquí gilipolleces. Pues las pongo oye. Mi madre me dice mientras me ve desesperarme con el portátil enchufado a dos unidades usb y una CPU de 14 kilos abierta en la encimera de la cocina, a la que le estoy pasando el aspirador: "menos mal que te gusta la informática". De reojo la miro, resoplo, y digo: "no me gusta".
No me gusta.
Que se me dé más o menos no significa que me guste. Porque a nadie le gusta estar un fin de semana entero pendiente de la restauración de un sistema completo que ya se caía a cachos. Drivers, installers, cambio de ram, pelusas, particiones, CS4... un infierno. La experiencia acaba con el ánimo literario de cualquiera. Sigo, que así lo suelto. El que no tenga ganas de aguantarme puede parar de leer aquí.
Me pongo el viernes a las 20:30 a formatear. A las 23:30, cuando windows xp sp2 me dice que tiene que instalar 215 actualizaciones atiendo a los mensajes que me llegan (cual papeles envolviendo una piedra) y me voy al Kundún a ver quién aparece. Pues mis amigos que desfilan... y departen conmigo... de informática. Marcos medio abandonado (y yo), Kike que acaba con razón hasta el nabo de mí, yo que acabo hasta el nabo... de mí. Para llegar a las 3 a casa y acostarme a las 5. ¿Razón? Office 2007. Sábado de vino de toro y homenaje en el callejón (33 euros? de risa oye). Y de Marcos en mi casa tirando de SSH. Y de fútbol masivo. Y unas copas. Pero por en medio... CS4. Domingo doméstico... para instalar todo lo demás: sp3, skype, messenger, filezilla, sopotify...
Una promoción de informáticos de UPM se hizo, para costearse el viaje a Punta Cana (la horda friky debió ser, madre), una camiseta de esas de vender a todo quisqui que decía por delante: Informáticos 99, a Punta Cana. Y añadía por detrás: y no, no voy a arreglar tu puto ordenador.
Aguante con mi 1210, me compre un mac, un tablet toshiba, o me la juege con linux y un 386dx2... odio con toda mi alma los ordenadores.
Eso. Viva el ábaco.
Y desahogado... puedo empezar la semana. Qué sueño. Lo siento por el tostón. Ale, a darle a la tecla.
Esta noche las flores han venido a mi ventana. Lo sé porque aunque poco, pues el cristal no es muy dado a aprehender mensajes de aroma, algo de perfume a rosas me ha rozado al abrir, ya de mañana.
Lástima que ellas, suaves, delicadas, hayan optado por golpear con lo más blando, y no con lo duro del filo, pues no está la cosa para dejar fuera la belleza, cuando es ella la que viene a buscarnos de madrugada.
Moraleja: mejor llamar la atención con las espinas.
Corolario: por muy grande que sea el cuaderno no me cabrán dentro todas las palabras. Tampoco es que sea necesario. Así que mira, a vueltas con las plumas.
Estoy aquí. Bien quietecito, para oír las llamadas.
El niño que es bueno y hace por no rascarse. A cambio desaparecen los megarronchones simétricos. Y a cambio aparecen 34 marcas de diferentes tamaños. A lo Mel Gibson en una de Shyamalan.
Y son las 0:48 horas de la noche del sábado al domingo.
Mi piel de vuelta a las hostilidades: el prestigioso dermatólogo se tira a por todo lo conocido, la amable doctora dice que es ansiedad. Todos de acuerdo. Pero... ¿ahora por qué? La casa, el libro, lo demás... No. Sabéis que siempre he sido duro. A ver si ahora...
En fin. Gracias a los que se han preocupado. Sé quienes sois. Lo sabía antes de que dijerais nada.
las hojas, mortecinas y secas. Era de noche en el desolado octubre
de mi año más inmemorial.
Me cuadra Poe: por lo del cuervo (yo también tengo Uno), porque Lenore y Amara hubieran jugado juntas en el parque, y por lo que viene siendo su pareja.
Lo que no me cuadra es el Veranillo de San Martín. Porque ni cielos cenicientos, ni hojas secas.
¡Despedíos de los cuentos que en el blog aparecen! La lógica, que aplasta cuando está afinada en Re (Don't call me daughter... ni de coña, pero me tiro el farol) imponen que a partir de ahora luzcan sólo vía Mandala, y tal vez vía personal: hand to hand, mail by mail. A saber. El caso es que tras llevar el boli nuevo y maravilloso... lo acabo usando para pintar, explicar y anotar, porque el contrato que me vincula, que me publica... se firmará otro día.
Y hoy... me he levantado cantando Peces de Ciudad. Hay que joderse. Puto Sabina. Divina Ana Belén. Para quitarme el mal sabor de boca me he puesto 34 (tiene un pariente primo de primera generación) versiones del Piano Man (incluida la de la mujer del minero)... hasta acabar pensando que si Marcos toca el piano y la armónica, y Dani la bandurria (que suena de fondo) yo... soy perfectamente capaz de destrozarla. La vena hinchada en el cuello, la cara roja, la borrachera... son cosas que clavo, como el tío Billy (que para dejar claro que la canción era suya metió su nombre dentro). Lo de cantar yo... pues no se. Gané del nuevo el duelo Promesas que no valen nada. Y me marqué 8500 puntacos con... i wanna kiss you but your lips are venomous poison... El tío Alice Cooper.
A ver cómo me van saliendo las cosas... ¿no? Que tengo un cuaderno negro, Uno, que ya tiene cosas anotadas...
Por favor. Cogedme de la mano al andar... que me gusta saltar los bordillos con alegría.
Voy a la Casa del Libro a preguntar por un libro que no tienen, uno. A la que voy, me pongo a buscar el cuaderno de marras que intento comprarme desde hace tiempo. De entre los que quedan (que coinciden con los de El Corte Inglés, Vips y otros parajes), no me gusta ninguno... hasta que hallo, desubicado, el que me place. Y como él, no queda otro. Vamos, que sólo hay uno. Llego corriendo a casa, subo. Cojo, busco algo que me han pedido. No lo encuentro. Y bajo corriendo al coche. Y me subo. Y cuando enciendo la radio, queriendo poner Rock&Gol voy y pongo KissFm. Y suena: "is it getting better, or do you feel the same". U2. One. Uno. Y al final la tarde con una pareja de amigos. Proponiéndome ideas maravillosas, enseñándome, aguantándome. Para que, al final, como dice el que más propone pero menos dibuja, acabemos, hablando de ello, eligiendo el plano que me convenza. Que me ilusiona. Sólo uno.
Un fin de semana al que este blog no le ha hecho justicia. Un grupo de amigos al que le debo lo que soy. Un momento. Una ilusión. Uno.