Coger un puñado, con un puñadito sólo ya basta. Sujetarlo bien fuerte. No importa si algún grano, alguna semilla, se escapa. Hay más, siempre hay más. Hay, de hecho, para todos.
Y con tu puñado bien agarrado, tu puño bien prieto, echa a correr. Y grita. Y di las cosas que sabes. No sólo. Di también las que crees saber, las que supones. Lo importante es hacer daño. Y seguir corriendo. Para que el golpe sea sólo una bofetada, que duela por la sorpresa, no por su intensidad.
Y cuando te pares, cuando el aire no dé para más, gírate y mira hacia atrás. Contempla las caras, las ramas rotas, el rastro que ha dejado tu paso. Mira todo eso. Y entonces ríe, o llora. Total ya da igual. Todo da igual, de verdad, mientras mantengas bien apretado… tu puñadito de ira.
Y con tu puñado bien agarrado, tu puño bien prieto, echa a correr. Y grita. Y di las cosas que sabes. No sólo. Di también las que crees saber, las que supones. Lo importante es hacer daño. Y seguir corriendo. Para que el golpe sea sólo una bofetada, que duela por la sorpresa, no por su intensidad.
Y cuando te pares, cuando el aire no dé para más, gírate y mira hacia atrás. Contempla las caras, las ramas rotas, el rastro que ha dejado tu paso. Mira todo eso. Y entonces ríe, o llora. Total ya da igual. Todo da igual, de verdad, mientras mantengas bien apretado… tu puñadito de ira.
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