Vuelvo por desgracia (o, con miras esperanzadas, por suerte) a verme postrado en un sofá y condenado a paseos cortos amuletados por el eufemismo de pasillo con el que cuenta mi casita.
Curiosamente (el que no se consuela es porque no quiere) la nueva (más que nueva, vintage) postura me brinda la dosis de rutina o estabilidad contextual (atiza) que llevo demandándome y usando como excusa para no pasar por aquí.
En estos días míos copados con analgésicos, zappings cortos, mucho Final Fantasy XIII (pues... sí, al final sí) creo que podré dedicar minutos a retomar lo que nunca debió ser abandonado.
No nos engañemos: twitter, pero sobre todo facebook, han contribuido a mi dejadez. Recuerdo los vídeos que ponía por aquí (aquellos lunes al vídeo), o mi agenda de los viernes (terrible documento). Ahora La mala lengua se me desgasta en 140 caracteres o en estados de facebook a tenor de los programas que sobreveo desde mi poltrona.
Dejar mi blog para menesteres más literarios no es sino condenarlo, porque no soy García Márquez, ni Gala. Así que no queda otra: o cerrarlo, o volver a hablar con él.
Porque como decía el maestro, hazlo o no lo hagas...
Sed buenos.
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