jueves, octubre 28, 2010

A la pata coja

A la pata coja el mundo se ve como cámara en mano perseguido por Godzilla. Se enfoca porque ya se sabe que las cámaras capturan fielmente el movimiento, pero intentar parar el entorno en una sola fotografía arroja tan sólo una tibia frustración de desenfoques nada gaussianos.
Sólo sentado, más bien atrapado, acorazado de manta, toman definición las cosas. Pero el hacer es cuestión de correctas posturas. Y la mía es una postura... a la pata coja.

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 domingo, octubre 24, 2010

Formas

Defecto de forma. Le fallan las formas.

Las palabras, tan fuertes en ocasiones, se dejan otras muchas manipular, zarandear, tergiversar e incluso deformar por el tono, la postura, el volumen, el gesto... Supongo que es lo que hace grandes a los grandes actores: su capacidad de dar, a las mismas palabras, profundidad, calado, o ligereza y humor, lo que sea, que les diferencie para bien de otros intérpretes menos grandes.

¿Deberíamos acaso todos recibir breves lecciones de interpretación del lenguaje? ¿De cómo pronunciar, mirar, fruncir, para que el mensaje final se parezca lo más posible a su gestión original?

¿O acaso deberíamos estar mejor equipados para el sobreseimiento, para la indiferencia, para poder pescar en el mar de muecas y contorsiones la naturaleza del mensaje?

Dirán algunos (si me leyeran, claro) que a los psicópatas es lo que mejor se les da. Otros que el lenguaje no sólo son las palabras (aquello de las líneas tonales). Y tendrán todos razón.

Porque incluso yo mismo, que vine sin querer en el fondo concluir nada, a veces reniego de la forma y otras la hago, como por ejemplo cuando escribo o cuento, principal argumento de mis exposiciones.

Vamos, que nos metamos todos la metonimia por el culo, según gustos.

Sed buenos.

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 viernes, octubre 22, 2010

SAT

Vuelvo por desgracia (o, con miras esperanzadas, por suerte) a verme postrado en un sofá y condenado a paseos cortos amuletados por el eufemismo de pasillo con el que cuenta mi casita.

Curiosamente (el que no se consuela es porque no quiere) la nueva (más que nueva, vintage) postura me brinda la dosis de rutina o estabilidad contextual (atiza) que llevo demandándome y usando como excusa para no pasar por aquí.

En estos días míos copados con analgésicos, zappings cortos, mucho Final Fantasy XIII (pues... sí, al final sí) creo que podré dedicar minutos a retomar lo que nunca debió ser abandonado.

No nos engañemos: twitter, pero sobre todo facebook, han contribuido a mi dejadez. Recuerdo los vídeos que ponía por aquí (aquellos lunes al vídeo), o mi agenda de los viernes (terrible documento). Ahora La mala lengua se me desgasta en 140 caracteres o en estados de facebook a tenor de los programas que sobreveo desde mi poltrona.

Dejar mi blog para menesteres más literarios no es sino condenarlo, porque no soy García Márquez, ni Gala. Así que no queda otra: o cerrarlo, o volver a hablar con él.

Porque como decía el maestro, hazlo o no lo hagas...


Sed buenos.

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